miércoles, 25 de mayo de 2011

I
Querida madre:
No siempre recurrí a este medio para comunicarme contigo. Razones hay, tanto objetivas (vivíamos juntos, nuestras vidas eran más simples), como subjetivas (mi natural introversión, falta de rumbo claro a seguir, inestabilidad en las ideas básicas, etc).
Sé que en otras épocas tuve  comportamientos liberales y hasta caprichosos. Fui creciendo con altibajos en mi formación, pero siempre hubo una base firme, indestructible: la honestidad que me enseñaste a ejercer en cada momento de la vida, la imposibilidad de aprovecharse del más débil o, resumiendo, tratar de ser un ejemplo moral donde fuera que estuviéramos.
Más que tu palabra serna, enseñó tu actitud humana.
No menciono todo esto como agradecimiento, porque parecería decir que ese ciclo de tu influencia terminó, lo cual no es cierto. Te hago estas reflecciones, porque nunca antes te las había dicho, porque son las mejores deudas que puede tener un hijo o simplemente para que veas qué cerca te llevo.
Yo sé que estás muy preocupada por mí. Sé que tu cotidiana angustia, de tu infantigable temor por mi vida. Lo sé de todos aquellos que por algún motivo u otro me tienen cariño. Tengo siempre presente esta situación, y en modo alguno es sospechable de indiferencia. Me duele tu preocupación y la de ellos porque la siento, en todas sus partes, absolutamente correspondida; y porque me parece lógica e ingobernable, corrosiva y constante, es que muchas noches tardo en conciliar mi sueño tratando de imaginar cómo podría ser todo distinto.
Dice un poeta: " Uno no siempre hace lo que quiere, pero al menos tiene el derecho de no hacer lo que no quiere".
Vos sabés que yo no quiero herir a nadie, modificar tus sentimientos por la fuerza y menos aún favorecer a que mi vida actual acarree inseguridades para ustedes, a quien libro -y sirva este papel como testimonio- de cualquier responsabilidad sobre mis actos.
Pero hoy, madre, superando la lucha interna diaria que esta situación me provoca, quiero que sepas que mis pensamientos están firmes en algo; yo no puedo volver a vivir en la indiferencia, ni quiero sucumbir ante la rigurosidad del camino. Voluntaria y conscientemente , yo no me lavo las mano. Yo me voy del lado de aquellos que venden su alma a un precio que avergonzaría a Fausto.
Vibra en mis venas una militancia que todo lo alimenta.
Y porque amo la vida, saldré a pelearla en cada fábrica, en cada villa, en cada escuela, junto a los míos, hasta que el tiempo multiplique este pequeño intento en miles de corazones.
Es la única justificación que tengo hoy frente a mi tierra.
Un beso, el mejor, de quién siempre será
tu hijo.
II
Querida madre:
Tan simples son tus palabras, que así de simple fue mi llanto. Tan sencillo y puro entenderte, que me parecía verte delante mío, hablándome.
Mamá:¿Se te ocurre realmente que alguna vez olvido quién sos, qué sentís? ¿Creés que dando tu vida conseguirías mi seguridad?
La injusticia social, los arbitrios y todos los peligros, son el pan de cada día de aquellos que como yo no les importa meterse en camisa de once varas.Por eso mismo, no pierdas la esperanza de encontrarme; lo que debes aprender es a buscar;intentá verme en el corazón de los campesinos, en los ojos de los niños destruidos, en las palabras mal dichas del analfabeto, en el frío del que no tiene con que abrigarse, es la rebeldía del estudiante engañado.
No faltará quien pretendiendo descalificarme, me acuse de comunista idiota útil. Allá él. si está en condiciones de tirar la primera piedra.
Jamás me perderás, madre, porque nunca me alejé de ti. Estoy en tu voz, en tu solidaridad, en tu ejemplo, ¿cómo más podría continuarte en el tiempo, si no es dándome?
Tu me enseñaste a amar desde que nací, y si ahora no estoy a tu lado es porque necesité salir a los caminos a repartir todo lo que aprendí.
Tengo los pies sobre la tierra y con ellos derribaré esa pared que te molesta para que haya una mañana después de llanto, de las ilusiones, de los sacrificios, de la sangre. Tampoco yo creo en los milagros, creo en los hombres.
Reconozco que tu desahogo es egoísta, pero no me entristece, porque sé de tus fuerzas para superarlo.
Estoy bien, no me falta nada, porque estoy tranquilo de saber que me amas.
Te he escrito casi atropellándome con la lectura de tu carta. Tus manos nunca me parecieron estar tan cerca de las mías.
Un beso.
tu hijo

Julio Ricardo Rawa Jasinski
Nació el 3 de enero de 1953
Estudiante de Derecho
Secuestrado el 12 de agosto de 1977 y desaparecido desde entonces
10 de Diciembre Día internacional de los Derechos Humanos
"Escritos de jóvenes DESDE secuestrados desaparecidos durante la dictadura 
EL SILENCIO"
Prólogo de Ernesto Sábato
DocumentoS Página/12.   

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